La Cultura Mixteca: Memorias Talladas en Códices

Oaxaca no se explica en singular. Es una confluencia de pueblos —dieciséis, según cómo se cuenten— que han tejido, durante milenios, los sabores, los hilos y las formas que hoy reconocemos como suyas. Ya hablamos de la herencia monumental de los zapotecos; hoy nos detenemos en otra civilización que dejó una huella distinta, más íntima, más escrita: la cultura mixteca.
Orígenes entre montañas
Como sus vecinos zapotecos, los primeros mixtecos probablemente descienden de grupos nómadas que, con el tiempo, absorbieron la influencia olmeca que recorrió Mesoamérica. Lo que distingue a esta civilización no es solo su antigüedad, sino su legado documental: en el territorio que hoy conocemos como la región de la Mixteca nacieron algunos de los códices prehispánicos más importantes que se conservan, antes de que, generaciones después, el pueblo mixteco se desplazara también hacia los Valles Centrales.
Una historia de asentamientos y señoríos
Entre 1500 y 500 a.C., la Mixteca ya respiraba vida en aldeas como Santa Teresa, Etlatongo y El Guayabo. Con el tiempo, estos asentamientos dieron paso a ciudades que alcanzaron su esplendor durante el Preclásico Tardío y el Clásico: Cerro de las Minas, Monte Negro, Yucuita, Huamelulpan. Hacia el final de esta etapa, el territorio se fragmentó en señoríos independientes —Tilantongo, Chalcatongo, Tututepec, entre otros— cada uno con su propio gobierno y su propia narrativa de poder.
Fue entre 1200 y 1521 d.C., bajo la presión de la Triple Alianza (México-Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan), cuando los mixtecos comenzaron a expandirse hacia los Valles Centrales. Ahí, las relaciones con los zapotecos tomaron forma de dominio en algunos casos y de alianza en otros: un entramado político tan complejo como el de cualquier corte de su tiempo. Su huella llegó incluso hasta Monte Albán, donde los mixtecos participaron en la riqueza que hoy conocemos como la célebre Tumba 7.

La memoria escrita: Los Códices Mixtecos
Si algo distingue a la cultura mixteca es su voluntad de narrarse a sí misma. Los códices son, hasta hoy, la única fuente que nos permite reconstruir la organización política de su sociedad: genealogías, linajes y la historia de sus gobernantes durante el Posclásico, plasmadas en piel de venado y papel amate.
Cada códice se compone de un anverso y un reverso —dos relatos independientes, elaborados en épocas y por autores distintos, que no siempre coinciden entre sí. Lejos de ser una contradicción, esa multiplicidad de voces es lo que enriquece la narrativa histórica de la región.
De los códices mixtecos, cinco lograron sobrevivir a la conquista: el Bodley, el Nuttall, el Vindobonensis, el Selden y el Colombino-Becker. El Selden, aunque fue terminado en el siglo XVI, se considera de origen prehispánico: ninguna mano española intervino en su factura.
Caminar hoy por Mitla o por los pueblos de la Mixteca es, en cierto sentido, leer ese mismo códice con los pies: cada piedra, cada nombre de lugar, sigue contando la misma historia. Conversemos sobre cómo recorrerla de cerca.
Referencias: Arqueología Mexicana, Recorridos por Oaxaca, Valles Centrales, Edición Especial Número 24. Arqueologíamexicana.mx