Monte Albán, la ciudad zapoteca sobre tres cerros

Foto: Douglas Favero Photography
Monte Albán fue la capital de un imperio que reinaba sobre todo Oaxaca y partes de Guerrero, y hoy es Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO. Para entenderla conviene empezar por su nombre, porque casi todo en ella se dice en más de una lengua.
Un nombre, tres lenguas
Su nombre prehispánico no se conoce. El actual se atribuye a un soldado, dueño de esas tierras en el siglo XVI, cuyo apellido habría sido Montalbán o Monte Albán. En mixteco se la llama Yucucuy, «monte verde», y en zapoteco Daniva, «cerro sagrado».
Tres cerros, no una plaza
La zona arqueológica no se reduce a la plaza principal: el complejo abarca tres cerros, el de Atzompa, El Gallo y aquel donde hoy se levanta la Plaza Principal.
Sus primeros pobladores llegaron en el Preclásico Medio, entre 1000 y 500 a. C., cuando gente de los Valles de Oaxaca empezó a asentarse aquí. Los primeros asentamientos estables, entre el 500 y el 100 a. C., se ubicaron cerca de lo que daba vida: agua, vegetación densa y alimento. Las casas eran de paja y madera; después llegaron el adobe y la piedra.

Quiénes la habitaron
Como todo Oaxaca, Monte Albán fue una ciudad de varias culturas en épocas distintas. La fundaron los zapotecos, cuyo poder militar fue extendiendo su control sobre muchos pueblos y sumando gente para trabajar y ampliar las construcciones, hasta llegar a unos 35 000 habitantes.
En el Posclásico los zapotecos dejaron de usarla como capital. Los mixtecos, que ya influían en la región, ocuparon el lugar y reutilizaron sus conjuntos e incluso sus tumbas.
Un gobierno entre dioses y alianzas
Monte Albán fue el primer sistema de estado de Mesoamérica y tuvo una organización jerárquica, con reyes y sacerdotes que coordinaban a la población para mantener el comercio con otras regiones y la autosuficiencia.
El sistema probablemente nació cuando los zapotecos vivían en aldeas y fue adquiriendo un sentido religioso. Se creía que los gobernantes eran instruidos por los dioses y podían comunicarse con ellos, y por eso la gente los escuchaba y ayudaba a levantar la ciudad. No todos los constructores venían de territorios zapotecos: el poder militar de la ciudad también era grande, y sus conquistas y alianzas trajeron a mucha gente que trabajó en ella.
La piedra y su arquitectura
Las primeras casas fueron sencillas, con tumbas de piedra. Al aparecer las clases sociales aparecieron también los dirigentes de la aldea, y con la expansión zapoteca llegaron más personas para las obras públicas. Así comenzó la construcción de la ciudad.
En esos primeros tiempos se labraron muchas piedras conocidas como «danzantes». Entre el 100 a. C. y el 200 d. C. surgieron nuevos edificios y se modificaron algunos; llegaron también elementos como los nichos. Los edificios más grandes e importantes se destinaban a actividades ceremoniales, públicas o residenciales, y los ocupaban las élites zapotecas de cada momento.
Si quieres recorrer Monte Albán con calma y con alguien que la lea contigo, empieza una conversación con nosotros.